Month: abril 2018

Trabajar de profesor no es trabajar

http://connotacion.blogspot.com.es/2009/07/que-bien-vivis-los-profesores.html

Qué bien vivís los profesores

Para hablar de algo hay que conocer. Si no, uno corre el riesgo de meter la pata hasta la cadera y no poder sacarla después. La gente que dice “qué bien vives” ni ha estado en su jodida existencia en un aula, ni sabe qué es “Educación para la ciudadanía” ni sus contenidos, ni comprende por qué un 30% de los profesores de secundaria tienen depresiones. Sólo ven las vacaciones, el sueldo y el horario. Por eso voy a desmontar ciertos tópicos sobre las insignes prebendas de tan ilustre profesión. Y lo haré desde la experiencia de estar dentro y haber estado mucho tiempo fuera, conduciendo el toro, blandiendo la llave inglesa, moviendo cajas o envolviendo recuerdos.

1- Los maestros y profesores tenéis tres meses de vacaciones o más. Pues no. Para el que no lo sepa (casi todos), ni empezamos el 15 de septiembre ni acabamos el 22 de junio. Ambos meses los trabajamos completitos, a no ser que nos contraten a partir del 10, que evidentemente cobraríamos a partir de entonces. Por cierto, mientras somos interinos el verano tiene, los años pares o los impares, según el cuerpo docente, quince días menos, porque el resto del tiempo estamos opositando o estudiando para el examen. Cierto es que el resto de festivos son más amplios que para la mayoría, pero conozco mucha gente que ni trabaja en Navidad ni en SS. Hay profesiones con más vacaciones que nosotros.

2- Cobráis un pastón. Yo lo flipo aquí. Hombre, no negaré que el sueldo está bien. Ah, que queréis cifras. Vamos allá. Un profesor de secundaria o EOI puede cobrar 1800 netos así a ojo, sin trienios ni complementos directivos, y un maestro unos 1500. Esto es muy variable y yo este año nunca he cobrado la primera cifra ni de coña, pero también es cierto que me han devuelto de Hacienda. Luego pregunto por ahí y resulta que la peña está cobrando 1200, 1500… los que lo quieren decir. Los que no lo dicen no creo que sea por nómina baja. También hay mileuristas y ochocientoseuristas (yo antes era uno), pero también los hay que trabajan a comisión, que cobran dietas, médicos, altos directivos, ingenieros de caminos, deportistas de élite, políticos, frikis televisivos, inspectores, empresarios, oficiales. Gente con mucha guita. Mucha más que un profesor. Por cierto, cualquier cuerpo público de tipo A o B cobra más que nosotros, de hecho cobramos menos porque tenemos más vacaciones.

3- La jornada es de seis horas y no estáis todo el tiempo con críos.Y UNA MIERDA PINCHADA EN UN PALO Vamos a ver. Un maestro tiene una semana laboral de 35 horas y un profesor de 30. Luego están los claustros, evaluaciones, preparación de clases, corrección de exámenes computadas en el horario para completar la jornada. Cuando yo estaba en el almacén hacía ocho horas y a casa. Ahora hago seis de instituto, dos de viaje, y tres más de preparar clases, hacer exámenes o corregirlos (este curso he corregido unas 2208 páginas de exámenes largos de cojones). Algunos días me he levantado a las seis y he llegado a casa a las diez de la noche, o sea que no me vengas con que trabajamos muy poco.

4- Es un trabajo cómodo. Ja, ja, ja. Yo siempre digo que una hora con alumnos vale como dos ( O 10) de cualquier otra cosa. No hay nada más estresante que trabajar con niños. Bueno, sí. Trabajar con adolescentes. El ritmo de primaria e infantil es agotador, y hay que valer para eso y tener mucha más vocación que para cualquier otra ocupación a excepción de cirujanos y cuidadoras. Secundaria es más llevable, pero los ratos malos son mil veces peores. Y eso que no me puedo quejar. Este año sólo me han llamado gilipollas, tonto o HIJO DE PUTA, y solo me han amenazado un par de veces. Ni me han escupido ni intentado agredir, a mi coche no le han puesto chicle ni le han echado pegamento a la cerradura de la clase, anécdotas de otros años (aunque todavía conservo una cruz hecha a mala leche en el coche y unos cuantos arañazos, además de comprobar todos los días que no me hayan desinflado las ruedas, que ya me ha pasado alguna vez). Respecto a si me gusta más esto que lo que hacía antes… pues a veces no. A veces quiero poner ladrillos y olvidarme de todo.

5- Pues chico, no será tan difícil. Mucho más de lo que crees. Todo español tiene un entrenador y un maestro dentro. Todos saben cómo hay que hacer las cosas, especialmente los padres, que consienten a los nenes y cuestionan a los docentes, con una mezcla de escepticismo, desprecio y envidia supina por eso de las vacaciones. Si tu hijo no te hace caso, ¿cómo esperas que me lo haga a mí? Si le sacas la cara, justificas las ausencias al centro, protestas los suspensos, ¿cómo no te va a maltratar cuando le dé la gana? Pero tú sigue dudando de mi aptitud y enmascarando tus graves deficiencias educativas.

6- Vale, pero trabajo fijo. Trabajo fijo los huevos. Cuando hayas opositado unas cuantas veces cada dos años, y además de aprobar un examen durísimo tengas una nota tan alta que te dé una plaza fija, entonces hablamos. La penúltima vez el señor Drywater necesitaba un 11 para sacar plaza, porque por ausencia de méritos no llegaba al mínimo requerido. Por cierto, este funcionariado no tiene nada que ver con los otros, que también he visto alguno por dentro (y eso sí que es vivir de puta madre).

7- Bien, pues cuando la saques a vivir del cuento. Cuando la saques, y hayas estado tres o diez años trabajando a 100 km de tu casa, entonces te mandarán a 300 km a vivir del cuento de al lado, porque el tuyo te quedará un poco lejano.

No negaré que más que un trabajo, es una vocación con inversión de futuro. Dar clase a 90 km todos los días lectivos no compensa. Aguantar mil barbaridades de veinte niños (30 EN SECUNDARIA) rebotados con el mundo que lo último que les interesa es el verbo TO BE (O RESOLVER ECUACIONES DE 1ER GRADO O INTEGRALES) tampoco.

Ni tan siquiera defenderse de las injustas críticas de unos padres que como mucho se erigirán en jueces de la causa hijo-profesor, normalmente para darle la razón a un mocoso de trece años que fuma porros en el baño y se mata a pajas en su cuarto con el flamante ordenador que papá compró para que estudiara. Ni salir de una clase crítica con ganas de llorar, gritar, agredir, romperse o hacerse el hara-kiri en televisión y encontrarse que por los pasillos impera la ley del silencio, donde a cada docente le ha ido tan mal como a ti pero nadie lo dice porque está mal visto admitir que no puedes con un grupo, que no apelas a tu autoridad porque sabes que no la tienes y que el resto del día y su noche vas a estar muy rayado. Mucho. Mucho más que con una bronca del jefe o después de cuatro horas extras.

Estudiar a saco para sacar una plaza de funcionario tipo A o B matándote la vida y quemándote las pestañas tampoco paga, sobre todo cuando luego sacas un 7 y te quedas como estabas: Interino y mal colocado. Llegar nuevo a un instituto y aceptar que como siempre te han dejado toda la furrufalla (primer ciclo, grupos conflictivos, horario infame) tampoco es plato de gusto, máxime cuando ves a las vacas sagradas trabajando la mitad que tú y aparentando esforzarse, y cobrando mucho más por antiguedad y otros complementos. Ni hacer muchos exámenes para que tus alumnos tengan muchas oportunidades (pues tú sabes lo que es jugarse el futuro a un único examen bianual; O PONER EJERCICIOS EXTRA, DEJARLES 30 MINUTOS O 1 HORA MÁS, VENIR POR LAS TARDES A HACER EXÁMENES, Y QUE ELLOS SE COJAN 3 DÍAS DE VACACIONES PORQUE SEGÚN ELLOS HAY HUELGA, SÍ, HUELGA DE QUEDARSE EN CASA Y LUEGO LIÁRSELA AL PROFESOR QUE SE LO TOMA EN SERIO, O TE DICEN QUE VIVES MUY BIEN Y QUE LO QUE TÚ HACES NO ES TRABAJAR) que por supuesto vas a corregir en tus horas libres y en tus flamantes vacaciones.

Yo este curso he vivido bastante peor que en mis trabajos sin cualificación, sumando clases, cursos de formación pagados por mi fastuosa nómina, corrigiendo mucho, preparando clases, intentando hacer las cosas bien. Porque aquí, mucho más que en cualquier sitio, se pueden hacer las cosas mal o muy bien. Puedes meter mil horas o ninguna fuera del centro, Y LOS QUE DECIDIMOS HACER 1000 AL FINAL SOMOS LOS QUE NOS COMEMOS TODOS LOS MARRONES Y LOS PEOR CONSIDERADOS.

Pero cuando tenga mi plaza fija a diez minutos de mi casa, cuando las tripas ya no se me revuelvan cada vez que entro a un aula porque me haya acostumbrado a enfrentarme a 25 adolescentes capullos, cuando no tenga que estudiar cinco años seguidos para sacar un 6’2 de mierda que me deja igual, y cuando elija qué grupos voy a llevar y no tenga que sacar el tajo de otros, entonces sí podré decir, si no estoy más quemao que una cerilla rociada con gasolina, que vivo bien y que tengo tiempo libre y que el trabajo no me afecta. Mientras, si estoy aquí es porque a veces uno de quince aprende gracias a ti y otro de noventa te dice “eres el mejor profesor que he tenido” o “¿volverás al año que viene?”. ¿Acaso pensaban que escogimos el aula por vacaciones y dinero? Vuelven a equivocarse. Era por vocación.
© Drywater

 

Resolver problemas es un arte práctico, como nadar, esquiar o tocar el piano: sólo puedes aprenderlo por imitación y práctica. Un libro no puede ofrecerte una llave mágica que pueda abrir todas las puertas o resolver todos los problemas, pero puede darte buenos ejemplos y oportunidades de practicar: si quieres aprender a nadar necesitarás entrar al agua, si quieres ser capaz de resolver problemas tienes que resolver problemas.
Si quieres sacar provecho de tu esfuerzo, busca las particularidades de cada problema que puedan servir en los próximos. Una solución encontrada por ti o leída con interés y reflexión puede convertirse en un patrón, en un modelo que puedes imitar ventajosamente en problemas similares.

POLYA

FRASES

Un jóven que había comenzado a estudiar geometría con Euclides, tras aprender el primero de los postulados, preguntó al maestro “¿Qué es lo que gano yo aprendiendo estas cosas?”. Así que Euclides llamó a un esclavo y le dijo “Dale tres monedas, ya que tiene que hacer ganancia de todo lo que aprende.” -Stobaeus, Extractos-

“Por cada persona que quiere enseñar, hay, aproximadamente, treinta personas que no quieren aprender. Walter C. Sellar (1898-1951) Humorista británico.”

“Es muy fácil hablar de cases magistrales con unos recursos que NO se tienen en el aula y cuando no se sabe lo que se cuece en ellas actualmente ( no en los 80 y en los 90). Con una tiza, una pizarra y 30 alumnos te tienes que apañar. Y estáis idealizando a los alumnos españoles de manera asombrosa. Parece que todos sean diamantes en bruto sedientos de conocimientos y que es todo culpa de los profesores que no saben sacar ese potencial. No sé en qué sociedad vivís, pero parece que no habéis visto a los adolescentes de hoy en día. En el 50% de las clases hay que ser más un antidisturbios que un profesor.
Y esas peliculitas me hacen mucha gracia. Durante un año puedes hacer miles de intentos para sacar adelante una clase difícil. Pero cuando no es un año, ni una sola clase, si no que son todas las clases y año tras año…veríamos el entusiamos del ‘Jaime Escalante’…

Con buenos recursos y buenos alumnos, yo hago maravillas. Pero cuando me llegan quinceañeros que no respetan ni a sus padres, ya les puedes poner un powerpoint, un video de la academia Khan o a Elsa Pataky en bikini….

¿Qué debemos hacer con los móviles en los centros educativos?

http://www.xarxatic.com/que-debemos-hacer-con-los-moviles-en-los-centros-educativos/

Estoy muy preocupado por el tema del uso de los dispositivos móviles en las aulas y, de paso, en todo el recinto educativo. Son numerosos los casos en los que, por determinados motivos, acaba interviniendo la policía y, muchos otros, que hacen que los alumnos acaben más preocupados o pendientes de su dispositivo que de escuchar la explicación de los profesores. Hay una epidemia de un uso nada educativo del mismo y, por desgracia, los que estamos a favor de liberalizar su uso en todo momento nos encontramos cada vez con menos argumentos que poder utilizar. Ya no es sólo que los alumnos no sean nativos digitales, es el hecho de que, al final, no somos ni los adultos los capaces de gestionar correctamente nuestros dispositivos móviles.

Fuente: Desconocida

La tecnología nos ha superado. Es la realidad. Y no sólo lo ha hecho en las calles. Lo ha hecho también en los recintos educativos. No hay alumno, salvo contadas excepciones, que no lleve su móvil en la mochila, aproveche el mínimo descuido para usarlo (sí, dentro de clase también) o, simplemente, se vea incapaz de gestionar los tiempos para que esa dependencia (que no adicción com erróneamente algunos dicen) no le afecte en su aprendizaje. También sucede en casa. Son muchos los que estudian con el móvil y, al final, acaban más pendientes de las historias de Instagram de los que siguen que de ponerse a la tarea. En este caso ya no es culpa de los centros educativos ni de los docentes. Quizás tampoco sea de los padres porque, al final, ¿los adultos hacemos un uso correcto de los dispositivos o lo hemos convertido en una parte de nosotros mismos? Ya no se ve mal que en una mesa estén los móviles encima de la mesa, tampoco que uno conteste whatsapps mientras está hablando conmigo. Hemos convertido la distracción en parte de nuestra vida. En definitiva, los adultos estamos tanto o más perdidos que los adolescentes en el tema. Eso sí, como somos supuestamente adultos no se da valor a lo mal que gestionamos esos aparatos. Por cierto, reto a alguien que se ponga en una esquina y mire la cantidad de conductores que están hablando por el móvil o enviando mensajes mientras conducen. El porcentaje es demoledor.

Por tanto, ¿qué hacemos en los centros educativos? ¿Nos dedicamos a prohibir los dispositivos o les dotamos de un libertinaje absoluto? No, no hay término medio. Si se permiten para determinadas prácticas educativas sé de buena tinta que en cuanto puedan los chavales van a usarlo para lo que no toca. Ya puedes montar una actividad en Kahoot o, simplemente, algo que requiera del móvil para realizar determinadas cosas y, en caso que el móvil esté habitualmente prohibido, va a haber muchos que lo traigan que van a usarlo mal fuera de esa actividad. Bueno, no sé si denominar a ver Instagram o jugar a su juego favorito algo malo si se hace en horario de patio. El problema es que no queda restringido al patio. Y, curiosamente, el alumnado más necesitado de aprendizaje es quien peor lo usa. Mirad si no esos grupos de PMAR y FP Básica en los que, por lo visto, lo del uso del móvil se ha instaurado como parte de su ADN.

No tengo muy claro cómo podemos educar en algo que no estamos educados. A los docentes el uso de los móviles se nos ha ido de las manos (tanto a nivel personal como a nivel educativo). Hemos de darnos una vuelta por las salas de profesores o, simplemente por alguna de esas ponencias que se realizan a lo largo y ancho de la geografía donde, es más habitual ver a un docente que esté más pendiente de su Twitter, Facebook o Whatsapp de lo que le están contando. Es por ello que me cuesta decidir apostar por cualquier postura. Reconozco, eso sí, que no debería haber término medio y que la medida tomada debe llevarse hasta el final con todas sus consecuencias… ¿liberamos totalmente su uso o lo prohibimos? No, no me vengáis con educar en su uso porque tengo claro, al igual que el resto de docentes, padres y alumnos, no vamos a ser capaces de lo anterior. Es un tema que se nos ha ido de las manos y ya son muchos años diciendo/haciendo cosas contradictorias que no han servido para nada.

¿Qué debemos hacer con los móviles en los centros educativos? Esa es la pregunta que necesita urgentemente respuesta. Y una respuesta con sentido más allá de percepciones/deseos personales o, el simple hecho de jugar a ir eliminando problemas, porque los móviles no van a desaparecer de golpe y porrazo de nuestras aulas ni de nuestra sociedad. Y, educar en su uso a día de hoy es misión imposible.

Faltan currantes y sobran másteres: por qué la FP te garantiza un puesto de trabajo

http://www.elmundo.es/papel/historias/2018/04/10/5acb879f468aeb09168b45b2.html

Lo saben los interesados y la sociedad ya comienza a ser consciente. Mientras la Universidad sobrecualifica y no asegura un trabajo, los alumnos de FP gozan de más demanda laboral

La titulitis universitaria en España tiene múltiples culpables: los padres, la falta de orientación en los institutos y también los políticos, por mucho que repitan en campaña su mantra de «prestigiar la FP». Luego viene la OCDE a sacarnos los colores año a año con su informe Panorama de la Educación, que resalta nuestro déficit: nos faltan titulados de grado medio. Mientras, la última edición de La Universidad Española en cifras desvela que un 27% de los grados tienen menos de 40 alumnos nuevos.

Pese a la evidencia, no se han cerrado facultades, mientras los institutos públicos de FP están saturados hasta el punto de que hay listas de espera y surgen centros privados para atender la falta de plazas. En España sobran titulados universitarios… y faltan buenos trabajadores salidos de la formación profesional.

Las grúas han vuelto al horizonte y las empresas se quejan de no contar con mano de obra cualificada a pie de obra. Tras 10 años de crisis, aquellos famosos ninis no han aprendido a alicatar. «Hay una alarmante carestía de profesionales a pie de obra con cualificación oficial», se quejaba esta semana la patronal del ladrillo.

Mientras, Cristina Cifuentes, presidenta de Madrid, ve amenazada su carrera política por un máster que apenas tenía alumnos. No es de extrañar. Según el Ministerio de Educación, en el curso 2015-2016 había 3.661 cursos de este tipo, con 139.844 estudiantes. Una década antes, había la décima parte: 16.609.

Las cosas serían distintas si, en cada instituto, hubiera alguien como José María Pérez, el director del Instituto San José Obrero de Málaga. Se trata de un edificio que ocupa más de una manzana, con talleres mecánicos, de electrónica, de climatización; una vitrina con copas y un ex alumno que estuvo pintando coches en las Olimpiadas de FP en Río de Janeiro con el equipo español. Al escucharle, sorprende que alguien siga empeñándose en ir a la Universidad a sacarse un título con escasas perspectivas laborales.

Tomemos Criminología, por ejemplo, por mucho CSI que haya en la televisión. Frente a los grados de moda, José María Pérez ofrece datos a padres y alumnos: «Sobran titulados universitarios y el 88% de los alumnos de FP en el instituto tienen trabajo a los seis meses de acabar». Y recalca, además, que hay puentes para los que quieran seguir luego en la Universidad.

Pero hay conflictos de intereses que bloquean el camino a una mayor eficacia. En el San José Obrero, los chavales de cuarto de ESO pueden elegir seguir en el Bachillerato o pasarse a la FP. Pero estas dos opciones no existen en otros muchos institutos, donde parece difícil que los profesores se hagan el harakiri y sumen al descenso de la natalidad la posibilidad de que más alumnos renuncien a la Selectividad.

Lo mismo pasa con las universidades. En 2012, el Ministerio fijó la sostenibilidad de un grado a que tuviera un mínimo de 55 alumnos nuevos. Si ya hay muchas carreras con menos estudiantes, ¿qué pasaría si miles de jóvenes se matricularan en FP?

En el despacho de Chema -así le llaman ellos- están tres variopintos alumnos de electrónica: uno es ingeniero industrial; otro, jefe de los controladores aéreos de Málaga y el tercero probó un trimestre de Informática en la universidad antes de volver a su instituto. A todos les gusta la disciplina, estar en un sitio donde, por ejemplo, te dan con la puerta en las narices si llegas tarde de echar un pitillo en el recreo. «La puntualidad es importante en el trabajo», justifica el director, y ellos saben lo que es trabajar porque en la modalidad dual de la FP los alumnos se forman también en las empresas.

A los tres les gusta el trato cercano con los profesores. Antonio Cisneros es el ingeniero: «En la Universidad no eres nadie, los profesores no tienen interés por saber si estás aprendiendo». Recuerda, además, las clases en academias privadas para aprobar las asignaturas hueso. Álvaro Bravo Lanzac, el informático arrepentido, corrobora las ventajas de estar en el ciclo: «Aquí vas al día, hay disciplina, tienes deberes, te conocen».

Entre sus amigos, hay muchos universitarios que sólo aspiran a sacarse unas oposiciones. Los tres están convencidos de las salidas de Electrónica, con cuadros de mandos en los coches cada vez más sofisticados. «Nuestra impresión de la Universidad se resume en que tiene que cambiar», concluye Antonio, con un hermano en el Ejército, graduado en Química, que nunca encontró estabilidad laboral en España tras pasarse años fuera.

Los dos tienen historias similares en su entorno. «Hay que ser valiente para resistir esas presiones que te llevan a la Universidad y los padres son los primeros que empujan», añade Álvaro, que sabe de casos a los que, después de dos años, les da apuro abandonar su carrera, aunque no les guste. Chema, el director, confirma que abunda el tipo de padres cuya aspiración vital es que su hijo vaya a la universidad.

Pero hay destellos de esperanza. Soledad Iglesias, subdirectora general de Orientación, Formación Profesional y Formación Profesional Dual, detecta un progresivo abandono de la titulitis española. Los alumnos se han dado cuenta ya de los perjuicios de esta obsesión. «Y sus padres están en ello», señala.

Escuchando a los tres alumnos, un investigador convendría en que es la Universidad, y no la FP, la que empieza a tener un problema de prestigio. En el despacho de esta barriada currante de Carranque (Málaga) lo tienen muy claro. Aunque el caso de José Carlos Balsas Castro, el controlador aéreo, aficionado de siempre a la electrónica, es distinto: está allí porque le encanta cacharrear, después de haber pasado por la Universidad. «O sea, por el bar de la Facultad de Empresariales», bromea.

El ajuste de oferta y demanda también podría mejorar a la hora de diseñar el mapa de ciclos. La oferta de plazas en FP ha crecido un 2%, según los datos del Ministerio, una cifra similar a la experimentada por el Bachillerato; algo coherente con la disminución del abandono escolar en los años de la crisis. En este curso, en Bachillerato hay 686.000 alumnos y, en FP de grado medio, el que se empieza a estudiar tras cuarto de ESO, apenas 345.000. Y son justo esos estudios los señalados por la OCDE como escasos.

Donde sí casan oferta y demanda especializada es en el País Vasco, pioneros en implantar las especializaciones. La comunicación es tan buena con la industria y las empresas que, según cuenta Izaskun Zaballa, del Instituto Vasco del Conocimiento de la FP, «se ponen en marcha cuando una empresa grande o varias medianas lo piden porque necesitan ese perfil concreto de trabajador». Y son ágiles para formar al profesorado en esa nueva necesidad. «Si alguien quiere saber qué se hace bien en FP, tiene que ir al País Vasco. ¡Pero de toda Europa!», explica Santiago García, responsable de FP en CECE, la patronal de los centros privados.

Curiosamente, hay ciclos superiores que tienen entre sus alumnos más diversidad geográfica que en una universidad de provincias, donde suelen atraer como mucho a estudiantes de los pueblos. Por ejemplo, mantenimiento de aviones sólo se estudia en 13 sitios en España. En Castilla y León no existe pero hay más de una posibilidad en Baleares, donde parece lógico por el tráfico del aeropuerto de Palma. Igual que estudiar para artista fallero en Valencia. El grado superior de producción acuícola sólo se estudia en cuatro sitios, uno de ellos en Cádiz, donde acuden de toda España. «En FP es obligatorio hacer prácticas y eso implica que no puedes poner algunos ciclos en cualquier sitio», amplía Iglesias.

Santiago García confirma que «la pública no llega a todo». Los conciertos en FP no están siendo objeto de debate ni en las comunidades más refractarias a ellos, como Valencia, donde se mantienen. Aunque hay listas de espera (32.000 alumnos en Andalucía el año pasado, y de éste la Junta no quiere dar datos), puede pasar que sea en grados de ciclos sin mucha oferta laboral que no tendría sentido ampliar: «Lo vemos en imagen y sonido», se pregunta Izaskun Zaballa. «Es una disyuntiva complicada. Qué haces, si no hay tanto trabajo». «En Madrid, se cierran ciclos de los de mancharse las manos, como electricidad, cuando sí que hay demanda en el mercado», añade Santiago García. «No se pueden abrir centros a lo loco», piensa.

Como ha hecho la Universidad que, ahora, manda de vuelta a los alumnos a FP. En el despacho del instituto, los tres estudiantes de electrónica saben, además, que no hay ninguna universidad española entre las 200 primeras del mundo. Y que son fábricas de alumnos sobrecualificados, desorientados y desencantados.

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