Date: 15 septiembre 2017

La calculadora científica, último invento del pasado siglo que sigue dando guerra

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Han sido testigo del declive de los Discman, los cedés y hasta de sus hermanas pequeñas, las calculadoras de bolsillo. Aunque los ‘smartphones’ y sus aplicaciones han arrasado con gran parte de la tecnología del siglo pasado, las calculadoras científicas gozan de buena salud e incluso crecen sus ventas cada año. ¿Su secreto? Ser indispensables en educación por los exámenes oficiales.

Las calculadoras científicas no han sucumbido a las nuevas tecnologías

Regresemos por un momento a finales de los años 90: los jóvenes escuchaban cedés en unos por entonces flamantes Discman. Utilizaban el teléfono fijo –más bien el teléfono a secas, no había más– para llamar a sus amigos. Se conectaban a internet gracias a un módem de 56k frente a un cabezudo ordenador de sobremesa. Resolvían las cuentas más difíciles en clase con una calculadora científica, seguramente de la marca Casio.

Hoy, los discos de música casi han pasado a la historia. Los teléfonos fijos subsisten a duras penas porque se incluye en las tarifas combinadas, los datos circulan por cables de fibra óptica que permiten acceder a internet a gran velocidad y los portátiles han conquistado los escritorios (aunque ya podemos hacer casi lo mismo desde la tableta o el ‘smartphone’). No queda apenas rastro de la mayoría de tecnologías del siglo pasado, pero los chavales de instituto siguen usando calculadoras científicas muy similares a las de hace veinte años.

Algunas de estas reliquias electrónicas se han modernizado –las hay táctiles y a todo color–, pero los modelos más tradicionales desafían el paso del tiempo sin demasiado esfuerzo. ¿Acaso no han descendido sus ventas? “No en España”, aseguran rotundamente a HojaDeRouter.comdesde Casio. En nuestro país, las cifras “se han mantenido e incluso incrementado tanto en unidades como en valor durante los últimos cinco años”, añaden.

Según los datos proporcionados por la firma de estudios de mercado GfK, el sector de las calculadoras científicas ha crecido un 25 % en España, con la multinacional japonesa como líder indiscutible. Se usan principalmente como herramienta educativa en los cursos de ESO y Bachillerato, aunque también resultan útiles en las enseñanzas universitarias. Desde Media Markt nos confirman la tendencia: “Es una categoría muy estable” en sus tiendas patrias, donde suelen despachar unas 20.000 unidades anuales.

Según CASIO, las ventas de calculadoras de bolsillo han decrecido desde la aparición de los 'smartphone'
Las calculadoras de los móviles han desbancado a las de bolsillo

Los nuevos modelos ofrecen más funcionalidades que aquellas versiones noventeras. Sus fabricantes no pueden dormirse en los laureles. “Todos han añadido prestaciones que hacen a las calculadoras mejores para enseñar matemáticas, y van a tener que continuar haciéndolo porque se les va a hacer cada vez más duro diferenciarse de las herramientas virtuales”, argumenta Lucas Allen, un exprofesor y experto en pedagogía de las matemáticas que, desde 2010, hace reseñas de calculadoras en su web.

A diferencia de lo que ocurría hace más de una década, las calculadoras científicas conviven hoy con numerosas alternativas de cálculo llegadas de la mano de internet y las nuevas tecnologías. Hay programas de escritorio, herramientas web y aplicaciones móviles que simulan su funcionamiento y apariencia, incluidas las creadas por los propios fabricantes que, pese a tener un pie anclado al pasado, también apuestan por la innovación.

TODO ESTÁ EN EL MÓVIL, EXCEPTO LA CALCULADORA CIENTÍFICA

Para Eli Luberoff, fundador de Desmos, una calculadora virtual gratuita, “los portátiles y móviles se han convertido en una especie de navajas suizas de la tecnología”. Fuera del ámbito profesional, ya no hace falta llevar una cámara, un reproductor de música o una agenda electrónica: todo está en nuestro ‘smartphone’.

“No hay razón para que las calculadoras necesiten ir por separado”, afirma Luberoff, también exprofesor de matemáticas. A pesar de que el estadounidense ve claro el futuro de las cámaras como herramienta de fotógrafos profesionales o aficionados, tiene dudas respecto al futuro de las calculadoras científicas. Son “más complejas, más grandes y más caras” que las aplicaciones. Pero, entonces, ¿por qué siguen reinando en las aulas?

Una de las claves es el propio funcionamiento del sistema educativo. Más concretamente, las normas sobre los tipos de calculadoras que pueden utilizarse en exámenes oficiales como el de acceso a la universidad –la actual EBAUen España–. Estas reglas las decide una comisión organizadora integrada por representantes de las universidades, la Administración y los institutos. “Uno de los criterios que se han barajado para restringir el uso de ciertas calculadoras es preservar la igualdad de todos los estudiantes”, explica Luis Ignacio García, profesor del I.E.S. La Magdalena de Avilés y responsable de la plataforma didáctica FisQuiWeb. “No es de recibo que estudiantes con mayor poder adquisitivo puedan utilizar calculadoras con alguna ventaja”.

Otro de los criterios está encaminado a evitar las trampas. Las calculadoras no deben ser programables para que, como señala García, “no puedan usarse como una chuleta electrónica”. Internet también está prohibida ya que los alumnos podrían acudir a Google en busca de respuestas. Si tuvieran permitido utilizar una aplicación en su teléfono, alguien tendría que asegurarse de que no estuvieran conectados.

La aplicación de Desmos está disponible para iOS y Android
La aplicación de Desmos está disponible para iOS y Android

“Mientras siga habiendo exámenes tradicionales, creo que tanto los móviles como las tabletas u ordenadores van a estar prohibidos”, arguye el profesor, quien considera que las calculadoras científicas de siempre aún tienen un largo recorrido porque son fáciles de llevar y de manejar y, sobre todo, porque es lógico usar en las aulas la misma tecnología que en las pruebas oficiales. “Los estudiantes necesitan aprobar esos exámenes y los profesores quieren que sus alumnos practiquen durante varios años con sus calculadoras antes de enfrentarse a ellos”, sostiene Allen.

En clase, siempre que no se trate de una evaluación, los docentes pueden utilizar otras herramientas para solucionar problemas o procesar datos. Y aquí “sí cabría el uso de móviles u otros dispositivos”, dice García. Pero tampoco hay que menospreciar el valor educativo de las calculadoras gráficas: aunque suele recurrirse a las tradicionales y sencillas, algunos de los modelos más avanzados funcionan como pequeños ordenadores. “En un solo aparato tienes una interfaz que permite hacer cálculos matemáticos y científicos, elaborar hojas de cálculo, estadísticas, funciones, geometría y programación básica. Los profesores pueden incluso enviar preguntas a los alumnos cuando tienen wifi”, describe Allen.  El problema es que “algunos docentes no saben hacer con ellas nada más que cálculos muy básicos, y eso es lo que enseñan”.

PEQUEÑOS CAMBIOS EN EL HORIZONTE

En Estados Unidos no existe una sola evaluación oficial de acceso a los estudios universitarios, sino que hay dos exámenes principales estandarizados y reconocidos por las facultades: el SAT y el  ACT, elaborados por las organizaciones sin ánimo de lucro College Board y ACT, respectivamente. No obstante, hay otra prueba alternativa que ha sido diseñada más recientemente por el Smarter Balanced Assessment Consortium (SBAC), un consorcio de evaluación financiado por el Departamento de Educación al que se han adscrito 23 estados norteamericanos. Sus exámenes siguen unos estándares estatales, se realizan online y están disponibles para las asignaturas de Lengua y Matemáticas.

El pasado mes de mayo, el SBAC anunciaba que Desmosestaría disponible para los estudiantes en la plataforma desde otoño, tanto para su uso durante el curso como durante las pruebas. Un paso que algunos consideran el principio del fin de las calculadoras científicas tradicionales y, por ende, de la hegemonía de Texas Instruments, líder de ventas en aquel país.

Los estudiantes no pueden utilizar aplicaciones calculadora en los exámenes oficiales
Los estudiantes no pueden utilizar aplicaciones calculadora en los exámenes oficiales

Para James Thomson, creador de la calculadora virtual PC Calc, “el principal obstáculo para que las aplicaciones ganen terreno es la conectividad de móviles, tabletas y ordenadores”. Además, otras herramientas y programas pueden servir de escondrijo para las chuletas electrónicas. Es la baza que esgrime Peter Balyta, de Texas Instruments: “Nuestros productos incluyen únicamente las funcionalidades que los estudiantes necesitan en clase, sin las numerosas distracciones o problemas de seguridad en los exámenes que acarrean los ‘smartphones’, tabletas y el acceso a la Red”.

Por eso Desmos, que no ha pasado por alto la cuestión, ha integrado la calculadora digital directamente en la web donde los estudiantes completan el examen, eliminando la necesidad de conexión. La ‘startup’, fundada en 2011, ha conquistado también al College Board, responsable del SAT. De momento no aprueba su uso en el examen preuniversitario, pero sí lo permite en la plataforma SpringBoard –donde ofrece ejercicios y evaluaciones curriculares para estudiantes y profesores– junto con otras aplicaciones como GeoGebra. No obstante, si la tendencia a digitalizar los exámenes oficiales continuara, gigantes como HP, Casio o Texas Instruments  podrían plantar cara a los nuevos con sus propias versiones virtuales.

“Los test que permiten acceder a herramientas avanzadas encajan mejor con el tipo de educación que se está desarrollando actualmente en las aulas y prepara mejor a los alumnos para trabajar en el mundo real”, defiende Luberoff. El fundador de Desmos asegura que no existen empleos a “libro cerrado”, programadores que no puedan consultar libros o internet ni ingenieros o economistas que no puedan utilizar el programa de cálculo que prefieran.

Pese a que los profesores recurren cada vez más a herramientas virtuales, en España seguimos, en general, chapados a la antigua. Aunque puede que en un futuro las cosas cambien y la calculadora científica acabe compartiendo el destino de su prima pequeña, la calculadora de bolsillo: acumular polvo en un cajón, al lado del Discman y una pila de cedés.

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Las imágenes de este reportaje son propiedad, por orden de aparición, de Trung NGUYENSteve Desmos, y University of the Fraser Valley

Así se mide la distancia que recorre un futbolista durante un partido

https://www.xataka.com/otros/asi-se-mide-la-distancia-que-recorre-un-futbolista-durante-un-partido

Así se mide la distancia que recorre un futbolista durante un partido

¿Cómo evalúas el rendimiento de un futbolista en un partido? Hay muchas variables: los pases que da, los goles que marca, los disparos entre los tres palos, las recuperaciones… No faltan maneras para evaluar el trabajo de estos deportistas en el campo.

De entre todos esos datos que se recogen a lo largo del partido hay uno que se ha convertido en una de las principales referencias para criticar, o aplaudir, el desempeño de un jugador: la distancia recorrida. Se ha cuestionado y se ha alabado el trabajo de jugadores en todas las posiciones por la cantidad de kilómetros que han recorrido en 90 minutos. Como no somos un blog de fútbol, hoy no vamos a hablar de lo mucho o poco que corre tu jugador favorito. Vamos a hablar de la tecnología que hay detrás.

Las cámaras persiguen a los futbolistas (y a sus números)

No recuerdo muy bien cuándo fue la primera vez que vi en las estadísticas de un partido la distancia que había recorrido cada jugador. Sin embargo, recuerdo la sensación al ver el dato: ¿cómo lo harán? ¿tienen a un becario en la banda haciendo cálculos? Parecía demasiado complicado.

Por aquel entonces tampoco había pulseras cuantificadoras por lo que antes de investigar descarté esta posibilidad. Todo sea dicho, no sé cómo las marcas que hacen estos gadgets no han aprovechado el filón de los deportes para darse a conocer. Supongo que la normativa también pondrá una serie de límites.

Quitando estas dos hipótesis del camino pensé en la posibilidad de que las cámaras podrían guardar relación con este proceso de medición. Decidí investigar y ver cómo la UEFA, que fue una de las primeras en incorporar estos datos, había logrado medir la distancia recorrida por los futbolistas. La respuesta estaba en una empresa estadounidenses llamada Stats, propiedad de Vista Equality Partners.

Messi V As Roma 2015

Echo un vistazo a su página web y veo que Stats realmente hace honor a su nombre: su negocio se basa en el desarrollo de servicios de estadística para diferentes deportes. Datos de todo tipo en un panel de control que permitía ver toda la información de un partido en tiempo real. Nada espectacular, y no porque el servicio sea malo, sino porque hay más de este perfil.

Lo interesante de esta compañía estaba en lo que ellos han bautizado como seguimiento de los jugadores (player tracking). Una tecnología que va más allá de medir la distancia recorrida y ofrece otras muchas variables de cada jugador: velocidad media, máxima, aceleración, velocidad con el balón, mapas de calor, distancia total, veces que han tenido el balón…

A través de un sistema de cámaras la información que se puede obtener de cada futbolista en el campo es enorme.

Las estadísticas se separan entre equipo, jugadores individuales y el balón. Un montón de información que para los amantes de los datos resulta casi pornográfico a la hora de analizar un partido de fútbol. Vale, vale, ya sé que os ha quedado claro que Stats mide muchos datos. Ahora bien, ¿cómo lo hace? Vamos con la tecnología que hay detrás.

La información recogida por Stats se hace a través de un sistema denominado SportsVU. Un sistema de cámaras de alta definición que se divide a su vez en dos plataformas para hacer el registro de los movimientos en el campo. Una combinación de hardware y software muy especial. Veamos.

sport-vu.jpg

Por un lado tenemos SportVU SV donde tres cámaras se encargan de seguir a los diferentes objetos del campo y extraer información sobre su posición en los tres ejes (X,Y,Z) para crear una corriente de datos que se envía en tiempo real a unos ordenadores que van registrando los datos.

Después tenemos SportVU MV. Un sistema de seis cámaras elevadas que se encarga de apoyar los resultados que ofrece SV a pie de campo. No es una tecnología perfecta pero su margen de error es solo del 3% por lo que la podemos considerar lo suficientemente fiable para sacar conclusiones de lo ocurrido en el campo.

Aunque Stats es la empresa que se encarga de trabajar con la UEFA, en la última edición del mundial de fútbol fue una empresa italiana quien se encargó de todo lo relacionado con la estadística en los partidos y la colaboración con el resto de empresas encargas de la realización de los partidos de esta competición.

Deltatre ha sido la encargada de analizar cada partido y ofrecer la información en tiempo real. Podéis ver unos pantallazos a continuación para ver cómo esta compañía ha ido mostrando todos los datos en tiempo real para ir viendo cómo transcurre un partido. Volviendo al tema principal del artículo: ¿cómo lo han hecho?

El sistema de seguimiento de jugadores es parecido al que utiliza Stats: un ejército de cámaras se encarga de seguir el movimiento de cada jugador para calcular la distancia recorrida y generar los mapas de calor para ver por dónde se mueve cada jugador. De momento, parece que este será el estándar para los próximos años.

Hambre de datos, falta de apetito por el análisis

Analizando

Lo que ha quedado claro a estas alturas del artículo es que tenemos tecnología más que de sobra para analizar no solo cuánta distancia corre un jugador sino otras muchas variables que enriquecen notablemente las estadísticas de cada enfrentamiento. Sin embargo, soy un poco escéptico al respecto.

Podemos medirlo, no hay dudas, pero ¿podemos aplicarlo de alguna forma? Está claro que al usuario de a pie — el que comenta al día siguiente el partido con sus amigos tomando unas cañas, alguien como tú o como yo — ciertos datos les resulta completamente irrelevantes.

No solo por el hecho de lo transcendental o no que pueda ser hablar de un partido de fútbol sino la nula capacidad que tenemos para sacar algo en claro analizando esos datos. ¿Que un futbolista corre a una velocidad punta de x km/h? Genial, siempre podemos elaborar una infografía con los jugadores más veloces pero la sensación que da es que estamos capturando muchos datos que no sabemos procesar.

Si nos vamos al terreno profesional la utilización de esta información es mucho más útil: ver por dónde han corrido más mis jugadores, analizar cómo se mueve el rival en cada partido… La información que se extrae es analizada de forma exhaustiva para sacar conclusiones y aplicar mejoras de cara a los próximos partidos.

En el baloncesto ya se ha asentado un precedente con los Portland Trail Blazers: un equipo que ya ha utilizado la información de los partidos anteriores y la que reciben en tiempo real para afinar un poco más la estrategia de juego. Que haya dado resultados o no es cuestionable, a pesar de la magnífica temporada de los de Portland.

El futuro: Data Augmented Video

Ahora que hemos logrado saber, de forma precisa, cuánto corren los futbolistas la siguiente pregunta es fácil: ¿qué es lo que nos depara en el futuro? ¿saber las calorías que han quemado y compararnos con ellos en nuestra red social deportiva de preferencia? No, el futuro va en lo que se ha bautizado como Data Augmented Video o DAV para los amigos.

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DAV es una tecnología en la que Sony está apostando con fuerza para ofrecer sistemas de infografía en tiempo real durante los eventos deportivos. No es algo nuevo precisamente: si alguna vez hemos visto un partido de la NFL seguro que nos hemos fijado cómo marcan digitalmente la yarda en la que se encuentra el equipo que ataca.

Lo mismo ocurre en natación donde la sincronización en tiempo real es tal que hasta se puede ver con precisión qué nadador va en primer lugar. Sony quiere potenciar esta tecnología y traer más información superpuesta al mundo del fútbol.

En cierto modo, hay una virtualización del deporte que recuerda inevitablemente a los videojuegos: ver las líneas de jugadores en el campo, datos superpuestos en vez de las clásicas infografías en la parte inferior de la pantalla… Los nipones también abren la puerta a los anunciantes aunque quizá no es el intrusismo visual que más queramos ver los telespectadores.

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