Month: junio 2017

Y un artículo sobre graduaciones…

Ya saben mis alumnos que no soy un gran fan de las graduaciones. Incluso a mis alumnos de 2º de Bachillerato ya les dije el primer día de curso que me había declarado objetor de ellas y que no insistieran con el tema.

De hecho renuncié a acudir hace 3 años después de la graduación de mis alumnos de 2º de Bachillerato de los que era tutor, y solo rompí con ello el año pasado como concesión a una alumna (Ana).

http://www.xarxatic.com/graduaciones-low-cost/

No sé qué manía nos ha entrado con el temita de las graduaciones. Ya no es sólo la graduación, en formato yanqui, que lleva un par de décadas implantada en contextos universitarios. Sí, pasos del ecuador de universitarios y universitarias vestidos con sus mejores galas, formato cena a precio imposible en determinados restaurantes y, posibilidades infinitas de coger una buena castaña al tener la barra libre. Y, en este caso, ni tan sólo se han graduado porque el paso del ecuador, simplemente indica que uno se halla a mitad del periplo. Coño, ¿realmente es necesario hacer estas cosas? Bueno… ¿hasta qué punto tiene sentido juntarse con gente cuya única afinidad, en algunos casos, es que estudian el mismo curso que tú?

Fuente: http://www.farodevigo.es

Pero ya no es sólo en la Universidad. Ahora ya son muchos los que celebran la graduación de Bachillerato, ESO, Primaria e, incluso, Infantil. En el último caso con sus maravillosos birretes, padres babeantes y, sin llegar a entenderlo aún, maestros contentos de participar en lo anterior. Ya, todos sabemos que si no hay acto de graduación parece que el curso no haya servido de nada. Y cómo podríamos decir entonces lo mucho que han aprendido los chavales. Sí, incluso en Infantil.

La semana pasada, mientras tomaba una de esas horchatas tan placenteras en estas fechas, una amiga nuestra nos estaba comentando que su hijo iba a una graduación cuyo cubierto salía por treinta euros. E, incluso afirmaba que la mayoría de los compañeros de sus hijo, mediante los grupos de whatsapp de los padres, estaban difundiendo los vestidos y americanas que llevarían. Cuarto de ESO. Quince para dieciséis. Vestido de solo uso, americana cuyo reaprovechamiento posterior es nulo. Menús que permiten a ciertos chiringuitos montarse un buen negocio. No importa lo que coman. Lo importante es vender esa cena como el no va más.

Puedo llegar a entender una cena de sobaquillo donde los padres y los chiquillos se monten sus mesas en el patio del centro educativo. Puedo entender que, dentro de las ganas de algunos de convertir el fin de curso en una fiesta, se plantee el uso de las instalaciones para que se hagan unos bailes, los padres solteros puedan encontrarse a alguna madre con posibles -o a la inversa- y que, incluso, se permita el lujo algún chavalillo de fumarse un cigarro de escondidas en esos actos para demostrar que es mayor. Tampoco pasa nada si le da, a determinadas edades, un traguillo al calimocho. No es algo para no celebrarse pero sí que, por desgracia, da la sensación que lo de la celebración se ha convertido en el único objetivo de muchos. Y, a más coste de la misma para el bolsillo de los padres, más satisfechos parece que algunos se encuentren.

La verdad es que el tema de las graduaciones es algo que nos deberíamos replantear muy seriamente porque, no se trata de quitar la ilusión a nadie pero, ¿por qué no nos planteamos que deban ser low cost? Bueno, en un país donde algunos montan banquetes de cientos de personas para celebrar una comunión pidiendo un crédito bancario, esto de las graduaciones low cost, a base de bocata y mesita plegable, es una triste utopía que tiende a desaparecer.

 

 

¿Eran mejores los alumnos de antes que los de ahora?

Muy interesante este artículo que analiza algo que se repite hasta la saciedad.

http://www.xarxatic.com/eran-mejores-los-alumnos-de-antes-que-los-de-ahora/

Seguimos erre que erre con una de las afirmaciones más insulsas, a la vez que falsas, a la hora de taxonomizar al alumno del siglo XXI. Bueno, vamos a ser sinceros, lo de pretender que cualquier tiempo pasado fue mejor para el aprendizaje y el conocimiento es algo que sólo puede sustentarse idealizando un pasado que tampoco fue tan ideal o, simplemente, extrapolando aquellos casos de alumnos que, en nuestra época abandonaban los estudios a los catorce o ni tan sólo se escolarizaron más allá de momentos puntuales de su aprendizaje. Ya cansa lo de comparar bondades de sistemas por idealismos o visiones personales. Que no cuela en ningún momento lo de tiempos pasados mejores ni, por qué no decirlo, de que lo de ahora sea maravilloso a nivel educativo. Hay de todo como siempre ha habido pero obviar que en los últimos cuarenta años hemos avanzado, a nivel educativo, más que cualquier otro país del mundo es negarse a ver una realidad demasiado objetiva. Sí, me gustaría saber qué país ha conseguido en este tiempo llegar a las cotas de alfabetización masiva e, incluso, a poseer la cantidad de profesionales bien formados que existen actualmente en el mercado. Ya, lo importante es no querer aceptarlo porque queda mucho mejor quedarse con la mediatización de los ninis o con los especímenes que mediatizan programas como Hermano Mayor.

Fuente: http://huelvabuenasnoticias.com

Ni en nuestra época éramos tan aplicados (hablo de la EGB y sus etapas postobligatorias -BUP/COU y FP-) ni ahora lo son tan poco. Hay alumnos excelentes, mediocres y malos. Que lo de estudiar y pretender que todos los alumnos tengan las mismas inquietudes culturales cuaja demasiado poco con determinados contextos familiares. Claro que me gustaría que todos fueran Einstein, conocieran todos los hechos históricos e, incluso, se hubieran leído las obras completas de la generación del 27 pero va a ser que no. Ni antes todos leían, ni ahora todos dejan de leer. Y ya cuando hablamos de hechos históricos para demostrar el poco nivel que tienen nuestros alumnos, ¿por qué no preguntamos a esas generaciones anteriores que estudiaron con otros sistemas? Incluso aquellos que memorizaban y recitaban ríos serían, a lo mejor, incapaces de relacionar un determinado lugar con el río que pasa por ahí. Eso sí, queda muy bien decir que todas las generaciones pasadas fueron mejores. Que eso lo llevo oyendo desde que era estudiante. Los que estudiamos EGB también teníamos el mismo mantra que, curiosamente, los docentes también comentaban… “es que antes los alumnos eran más disciplinados, hincaban más los codos y salían mejor preparados”. Incluso tuve que oír por parte de mi padre que los peritos de antes sí que sabían, no como los ingenieros de hoy en día. Coño, es que al final va a ser que el discurso se repite más que la fabada.

Algunos estamos un poco cansados de justificar la necesidad de cambios educativos o de la realización de determinadas experiencias sobre la base de argumentos sin ninguna validez científica y que se desmontan al poco que alguien, con una cierta edad, vuelva a su época de estudiante. No, tampoco me sirven afirmaciones relacionadas con lo anterior que indican la falta de autoridad del profesorado en el aula y el aumento de indisciplina del alumnado. No, no es así por mucho que queramos venderlo como verdad absoluta. Los alumnos de ahora no son ni mejores ni peores que los de hace treinta años. Ya entonces no había dos alumnos iguales al igual que ahora. Y, seamos sinceros, ya si sumamos a la necesidad del cambio metodológico la afirmación sobradamente desmontada del mito del nativo digital, estaremos errando completamente el tiro.

¿Realmente alguien se cree que la disciplina era absoluta en las aulas de hace treinta años? Yo las pisé y debo reconocer que, al igual que ahora, había aulas en las que se mantenía el máximo silencio mezclada con otras en las que el docente debía hacer esfuerzos para conseguir controlarla. Había alumnos buenos y malos. Había alumnos que se portaban bien y otros que se portaban mal. Había alumnos a los que se les daba mejor las Matemáticas que la Lengua. Y sí, a partir de los catorce se filtraba al igual que ahora con el mismo objetivo básico: permitir dar clase a los alumnos que querían un aprendizaje más académico frente a aquellos, normalmente “molestos”, a los que se derivaba a Formación Profesional o, directamente, se justificaba su absentismo hasta los 16 al ser la educación obligatoria hasta los 14. Bueno, y ya veis que no he querido entrar en las ganas de aprender que algunos suponen a mi generación… no cuela, que los chavales -salvo excepciones excepcionales- tienen y teníamos otras motivaciones y prioridades antes de aprender. Y nos gustaba lo mismo, entre poco y nada.

Voy a ir bastante más lejos… si alguien quiere comparar entre centros y los desperfectos que se realizan en los mismos por parte de los alumnos debería recordar que antes los chavales eran mucho menos respetuosos con el material. Sí, lo afirmo. En mi aula de instituto no había mesa que pudiera servir para escribir como no fuera con libreta o carpesano de las grietas que tenía la misma. Y ya lo de las pintadas en las paredes con bolígrafo o las puertas del váter, con contenido insultante y amenazas a determinados docentes, era algo habitual. ¿Peleas en los patios? Sinceramente, más que ahora. Eso sí, como el tema se solucionaba por ellos mismos en lugar de la intervención del docente (no había guardias de patio en los institutos) todo quedaba en el calentón puntual. Bueno, no, a veces se reunían para hostiarse fuera del centro. Sí, en manada. Una violencia extrema que ha desaparecido de las aulas actuales por si nos ponemos a comparar pero seguro que esto no interesa recordarlo.

Tampoco creo que interese recordar lo que sucedía en esa época postfranquista de la galleta fácil donde, curiosamente, se enseñaba a las niñas de forma diferente que a los niños. Seguro que el nivel era mayor porque así las mujeres se quedaban en casa sabiendo coser la ropa. Algo hemos avanzado en el tema pero si queréis volvemos a lo anterior. Tasas de analfabetismo altísimas, niños que a los nueve debían ir a ayudar a parir la vaca que tenían en casa, prioridades muy diferentes de las de ahora. No, no todo el tiempo pasado fue mejor para los niños ni, por mucho que lo repitamos, fueron mejores los aprendizajes escolares. Bueno, sí para aquellos que quieren obviar y sesgar la realidad de entonces para que comulgue con sus postulados.

Los juegos. Sí, vamos a hablar de los juegos y de la justificación de la gran cantidad de inputs externos que reciben los alumnos que hagan que actúen de esa manera. Bueno, voy a ir más lejos, ¿por qué no hablamos del discurso fácil que determinados programas televisivos hacen que los alumnos se comporten de determinada forma? Pues bien, si es por comparar en lo anterior por qué no vamos más allá de los treinta años y hablamos de la generación de mis padres. De la influencia eclesiástica y del régimen de turno. De la disciplina a golpe de regla y de comportamientos homófobos habituales. No, por favor, que los chavales de hoy en día en este aspecto no son iguales por mucho que se mediaticen casos concretos. Si se llegan a mediatizar los de antes, no habría medio digital que no acabara con su espacio de hosting en pocos meses. Así que, por favor, cuando alguien hable de tolerancia y la pérdida de la misma, que busque en su hemeroteca mental. Algo que debe hacer de forma objetiva porque si sólo idealiza el pasado o lo ve según su óptica ya sesgada… Ah, estaba hablando de los juegos y la facilidad que teníamos algunos para distraernos con poca cosa. Bueno, ¿sabéis a qué juegan más los chiquillos en los parques en los últimos tiempos? A hacerse casas con cartones, jugar con un balón y al escondite. No, no es ficción. Salid, pasead y observad.

Los alumnos no salen menos preparados que los de antes. Habrá que saldrán mejor, otros igual y, seguramente, otros peor. Si nos dedicamos a juzgar a los alumnos por casos concretos y extrapolamos sólo el modelo que nos interesa comparar, haciendo dicha comparativa con un modelo “perfecto” o “imperfecto” de los de antes, va a salir o nos va a permitir opinar lo que nosotros queramos. Eso sí, si hacemos una visión global del asunto veremos que, lamentablemente para aquellos que basan toda su argumentación metodológica y pedagógica en lo diferentes que son nuestros alumnos respecto a lo que fuimos nosotros, se encontrarán con un chasco. Bueno, siempre les quedará mantener la visión sesgada porque, ya sabemos que cuando uno tiene creencias inamovibles es muy difícil, por muchas pruebas que se le enseñen, que baje del burro.

He querido recuperar un artículo que escribí hace tiempo, adaptándolo un poco a ciertas ideas que han surgido desde entonces, pero que a la postre defiende lo que llevo mucho tiempo creyendo… “no es el sistema educativo el que ha empeorado o mejorado, ni los alumnos son mejores o peores que los de antes”. Por desgracia para mí hay algunos que siguen sin entender lo anterior porque, u obvian ciertas situaciones de antaño, o las desconocen o, simplemente, nunca se han dedicado a revisar la historia de la educación en este país. Un país de los que más ha avanzado en los últimos tiempos por mucho que algunos sólo quieran ver una parte, siempre interesada, de la educación.

¿Queréis pruebas que demuestren mi argumentación? Sustituid spinner por yoyó :)

Los secretos matemáticos de Escher

https://www.bbvaopenmind.com/los-secretos-matematicos-de-escher/

Un joven, dentro de una galería de arte, observa un cuadro del puerto de Malta. Entre los edificios pintados del malecón aparece la galería en la que está el joven, con el propio joven mirando, de nuevo, un cuadro de ese mismo puerto mediterráneo. En el que, una vez más, aparecen los edificios de Malta con la galería y el joven. Esta composición infinita, llamada Galería de grabados, es del dibujante holandés M. C. Escher (1898-1972). Escher distorsiona también esta repetición sin fin, que rota y se tuerce, adquiriendo formas imposibles. El impacto de la obra sería perfecto, sino fuera porque justo en el centro de la imagen, entre las construcciones mediterráneas y las ventanas de la galería, hay una mancha circular blanca. Un vacío, sobre el que Escher estampó su firma. La litografía estaba terminada. Era el año 1956. Tuvieron que pasar casi cincuenta años, hasta que un matemático de la Universidad de Leiden en Holanda consiguiera completar la obra.

Galería de Grabados de M.C. Escher. Crédito: The Escher Foundation Collection

Galería de Grabados de M.C. Escher. Crédito: The Escher Foundation Collection

La primera vez que el profesor Hendrik Lenstra se encontró con la litografía de Escher estaba en un vuelo de San Francisco a Amsterdam. La reproducía la revista del avión. Lenstra aprovechó el viaje para tratar de encontrar la solución al centro del puzle. “Me preguntaba qué pasaría si continuaban las líneas hacia dentro. ¿Había algún problema matemático que no se podía resolver?”, explicó el profesor en una entrevista a The New York Times. “Suelo preguntarme qué estructuras hay detrás de las imágenes. ¿Cómo podría yo, un matemático, hacer un cuadro como este?”. La respuesta a estas preguntas no llegó en las horas de vuelo, así que Lenstra decidió embarcarse en una investigación de dos años en la que para desentrañar el círculo vacío de Galería de grabados debía descifrar también al propio Escher.

Sin conocimientos matemáticos formales

Maurits Cornelis Escher nunca fue un estudiante sobresaliente y sus conocimientos matemáticos formales se reducían a los que tenía de la educación superior. Comenzó a estudiar arquitectura, pero lo abandonó para centrarse en su carrera de artista gráfico. A pesar de esta carencia teórica, las matemáticas y la geometría son un elemento clave de su trabajo. El holandés estaba tan interesado en conceptos como la teselación y la división regular del plano —que descubrió en la Alhambra de Granada en 1936 donde pasó días copiando cuidadosamente los diseños geométricos que decoraban el palacio— que los convirtió en un elemento central de su obra. Decenas de sus grabados están rellenos de repeticiones de figuras animadas cuyos espacios crean nuevas formas.

 Escher reflejado en su "Mano con esfera reflectante". Crédito: M.C. Escher

Escher reflejado en su “Mano con esfera reflectante”. Crédito: M.C. Escher

Más adelante, Escher se preguntó si sería posible ir un paso más allá y recubrir el plano con figuras que, manteniendo su forma y engarzadas unas a otras, fueran cambiando de manera regular de tamaño. La solución de cómo llevar a cabo estas construcciones la encontró en el artículo matemático de H.S.M. Coxeter Crystal Symmetry and Its Generalizations” A partir de estas investigaciones científicas —de las que el propio artista reconocía no terminar de entender todos los conceptos—, Escher desarrolló un conocimiento de las matemáticas en gran medida visual e intuitivo.

En la siguiente fase, sus composiciones empezaron a explorar errores de perspectiva en estructuras que, a primera vista, parecían plausibles, pero que estudiadas más de cerca resultaban imposibles de crear. En 1954, en el Congreso Internacional de Matemáticos de Amsterdam, se expusieron unos grabados suyos. Desde entonces, el diálogo que mantuvo con matemáticos y cristalógrafos fue una fuente de inspiración para sus construcciones imposibles, sus ilusiones ópticas y sus representaciones del infinito.

La unión de arte y matemáticas

Esta intersección entre matemáticas y artes cristaliza en Galería de grabados. En la litografía, Escher desafía las leyes de la perspectiva al crear una repetición infinita y distorsionada para la que no tenía ni los medios ni los cálculos para completarla. Para descifrarla, el profesor Lenstra identificó lo que llamó el efecto Droste en homenaje a una famosa imagen publicitaria del chocolate holandés—: si la galería donde está el joven vuelve a reproducirse en el interior del cuadro, debería ocurrir lo mismo tras el borrón blanco. Tras una conversación con el amigo del artista y autor del libro El espejo mágico de M.C. Escher, Hans de Rijk, descubrió que Escher trataba de hacer una expansión circular continua en forma de anillo cerrado, sin principio ni fin. Así, en la distorsión de Escher, el tamaño de los cuadrados de la trama crecían según se movían desde el centro hacia afuera y decrecía en sentido inverso. Un bucle similar al que ocurre al quitar el tapón de un lavabo lleno de agua. Esa era la estructura detrás de la imagen.

Para encontrar los valores exactos que Escher había utilizado en la distorsión de su litografía, el equipo de Lenstra estuvo meses probando —hasta acertar— y combinando rotaciones, funciones exponenciales y logarítmicas, junto a reducciones de tamaño o escala. Una vez con la fórmula exacta, los pasos para rellenar el vacío fueron sencillos gracias a la tecnología actual: planchar el dibujo de Escher para llevarlo a una cuadrícula plana, rellenar el agujero en el modelo plano para completar la escena y, por último, devolver su forma original haciendo actuar sobre ella las transformaciones que ya habían identificado. Dos años después, Lenstra y su equipo resolvían uno de los grandes misterios de uno de los artistas más enigmáticos. Sin embargo, la respuesta siempre había estado ahí: Escher era un genio, dentro de un genio, dentro de un genio…

Magníficos resultados en Selectividad

Hace poco recordaba los excelentes resultados obtenidos el año pasado por mis alumnos de Ciencias:

” (4,5+8,23+9,93+10+5,93+5,27+8,87)/7=7,53

Como vemos había dos notas brillantes de alumnas igual de brillantes (eternamente agradecido), pero al mismo tiempo notas bajas.

Los resultados de este año han sido:

” (8,1+8,73+8,17+7,67+8,6+6,5)/6=7,96

Es decir, no hay dieces ni nueves pero tampoco cuatros ni cincos. Son notas mucho más homogéneas, y HAN SUPERADO a mis alumnos del año pasado, lo cual parecía imposible.

Enhorabuena y muchas gracias.

 

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