Month: mayo 2017

Los 10 mejores momentos matemáticos de ‘Los Simpson’

http://elpais.com/elpais/2015/04/30/ciencia/1430420317_959498.html?rel=mas

Hace 25 años, habría sido difícil predecir a qué se iban a dedicar J. Stewart Burns, Al Jean y Ken Keeler, los tres matemáticos por Harvard (EE UU); y David X. Cohen y Jeff Westbrook, ambos físicos por la misma universidad. Los cinco son guionistas de Los Simpson, una sátira del modo de vida estadounidense nacida en 1989 que se ha convertido en una de las series televisivas más exitosas de la historia. “La cantidad de cuestiones matemáticas que aparecen en Los Simpson tiende a infinito”, explica Marta Martín, de la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Oviedo. Ella y otros colegas, como Abel Martín, profesor de Matemáticas en un instituto de Oviedo, imparten talleres sobre Los Simpson a niños y adolescentes de centros de enseñanza en Asturias. “Salen encantados”, resume Marta Martín, que colabora con la Real Sociedad Matemática Española en la divulgación de esta ciencia. Estos son algunos de los momentos matemáticos protagonizados por los personajes amarillos.

La cama de faquir de la probabilidad

En un capítulo, Marge Simpson decide llevar a su familia al Museo de Ciencia. Allí, Bart y Lisa Simpson contemplan un tablero de Galton, un dispositivo formado por un tablero vertical perforado con clavos, como la cama de un faquir, por el que caen pelotas. El aparato, concebido por el inventor británico Francis Galton a finales del siglo XIX, genera una serie de sucesos aleatorios: cada bola tiene la mitad de probabilidades de caer a un lado o al otro de cada clavo. Al soltar una pelota, es imposible saber dónde caerá. Sin embargo, al dejar caer muchas bolas, se puede predecir con precisión dónde terminará la mayoría: forman una curva de campana.

El tablero de Galton preside la Sala de la Probabilidad del Museo de Ciencia, en la que un vídeo del matemático francés Blaise Pascal, del siglo XVII, instruye a los Simpson: “Ah, hola. Soy Blaise Pascal, el inventor de la teoría de la probabilidad. ¿Cuáles eran las probabilidades de conoceros aquí? Excelentes, diría yo”, comenta tras tirar una moneda al aire. “Mi amiga la Ardilla Tonta está a punto de comprar un billete de lotería. Ardilla Tonta, ¿conoces la probabilidad de ganar la lotería? Bueno, es más probable que te atropelle un coche. O que te alcance un rayo. O que te asesine un conocido. Si has comprendido la probabilidad, nunca jugarás a la lotería”.

Homer, rodeado por un contraejemplo del Teorema de Fermat.
Homer, rodeado por un contraejemplo del Teorema de Fermat.

El teorema garabateado en un libro

En 1637, el matemático francés Pierre de Fermat garabateó en el margen de uno de sus libros uno de los teoremas más famosos de la historia. Decía que la igualdad xn + yn = zn es imposible si n es un número entero mayor que 2 y las tres letras son números enteros positivos. “He encontrado una demostración realmente admirable, pero el margen del libro es muy pequeño para ponerla”, presumía. Así que el llamado Último Teorema de Fermat estuvo más de 350 años sin demostrarse, hasta que el matemático británico Andrew Wiles anunció en 1995 la resolución del acertijo que había derrotado a sus mejores colegas durante siglos.

Ese mismo año, Homer Simpson aparecía en un capítulo deambulando por otra dimensión, rodeado por la expresión 178212 + 184112 = 192212, “un contraejemplo que echaba por tierra el Teorema de Fermat”, en palabras de Marta Martín. Aparentemente, si se hacía la suma en una calculadora normal, Homer tumbaba a Fermat, pero no. “¿Dónde estaba el truco? En que la calculadora redondea, produciendo una engañosa apariencia de igualdad”, explica Martín.

Con una calculadora más potente, el resultado es este:

178212 + 184112 = 2541210258614589176288669958142428526657

192212 = 2541210259314801410819278649643651567616

A partir de la décima cifra, el número cambia. Fermat gana a Homer.

Un mensaje codificado

En el capítulo Homer al cubo, el padre de la familia intenta huir de sus cuñadas Patty y Selma y detrás de un armario salta a una tercera dimensión. Allí se encuentra con un mensaje codificado: 46 72 69 6E 6B 20 72 75 6C 65 73 21. Los profesores Marta Martín y Abel Martín, con la ayuda de su colega Ángel Aguirre, han descifrado esta secuencia de números y letras. Se trata de una notación hexadecimal, un sistema vinculado a la informática que utiliza como base el número 16. El mensaje emplea los numerales del 0 al 9 y las letras de la A a la F. La A equivale al decimal 10; la B, al 11; y así sucesivamente hasta la F. Cada pareja de números representa un caracter en ASCII, un código para el intercambio de información también habitual en los sistemas informáticos.

Con estos datos, el mensaje oculto se puede traducir como: Frink rules!, “Frink manda”, en castellano. El profesor Frink es el científico de Springfield y sus alocados inventos aparecen de manera recurrente en la serie. “Si colocamos Frink rules! en un buscador de internet, esta expresión nos manda directamente a una página web que nos va a describir quién es el profesor Frink, sus andanzas, inventos y apariciones en los diferentes capítulos de Los Simpson”, descubre Martín.

Tres números muy especiales durante un partido de béisbol.
Tres números muy especiales durante un partido de béisbol.

Números narcisistas

Otro de los guiños matemáticos de Los Simpson aparece en un capítulo de la temporada 17, emitida en 2006. Homer debe adivinar la cantidad de asistentes a un partido de béisbol. Le dan tres opciones: 8191, 8128 y 8208. “Todos estos números son notables desde algún punto de vista”, recordaba Claudio Horacio Sánchez, profesor de Física de la Universidad de Flores (Argentina), en un artículo en la revista matemática Números. 8191 es igual a 213 – 1 y, por lo tanto, es uno de los llamados primos de Mersenne. Estos números son primos (solo se pueden dividir por 1 y por sí mismos) y además responden a la forma 2n – 1. Solo se conocen 48 primos de Mersenne. El más alto es 257885161 − 1 y se descubrió en 2013.

Otro de los números que ve Homer es el 8128, el cuarto de los llamados números perfectos, iguales a la suma de sus divisores. 8128 = 1 + 2 + 4 + 8 + 16 + 32 + 64 + 127 + 254 + 508 + 1016 + 2032 + 4064. Los tres primeros números perfectos son el 6, el 28 y el 496, detalla Sánchez.

Finalmente, 8208 es uno de los números narcisistas, aquellos iguales a la suma de cada uno de sus dígitos elevados a n, siendo n la cantidad de cifras del número. Por ejemplo, 153 es un número narcisista de tercer orden, ya que 13 + 53+ 33 = 1 + 125 +27 = 153. El 8208 es un número narcisista de cuarto orden y es una rareza. Apenas se conocen tres números de este tipo.

Los monos escribiendo a máquina del señor Burns.
Los monos escribiendo a máquina del señor Burns.

Monos escribiendo libros

En el episodio Última salida a Springfield, de 1993, Homer es elegido presidente del sindicato de la central nuclear de Springfield. El señor Burns, propietario de la planta atómica, le invita a su mansión para ganárselo. En el caserón, Homer ve una habitación con mil monos aporreando mil máquinas de escribir. Burns le explica que los animales escribirán la mejor novela de la historia.

El argumento hace referencia a un problema manejado desde hace un siglo en el cálculo de probabilidades. Claudio Horacio Sánchez recuerda uno de sus enunciados más conocidos: si un millón de monos teclearan al azar en un millón de máquinas de escribir, al cabo de un millón de años habrían escrito todas las obras de Shakespeare. “Este problema fue realmente llevado a la práctica en julio de 2003, con un programa que simulaba la acción de los monos. Más de un año después, el programa produjo un pequeño fragmento, de veinticuatro letras, de Enrique IV”, escribía en su artículo en la revista Números.

Más poderosas que las balas

El profesor boliviano Jaime Escalante.
El profesor boliviano Jaime Escalante. SHPE FOUNDATION

En un capítulo de la temporada 14, Edna Krabappel, profesora de la escuela de Springfield, es candidata al título de Maestra del Año. El ganador es un tal Julio Estudiante, “un profesor de matemáticas que enseñó a jóvenes pandilleros que las ecuaciones diferenciales son más poderosas que las balas”.

El personaje homenajea a Jaime Escalante (1930-2010), un profesor boliviano de Física y Matemáticas que emigró a EEUU en 1964. Su país de acogida no reconoció sus títulos y tuvo que empezar de cero, limpiando un restaurante mientras estudiaba inglés. Al cabo de los años, Escalante volvió a dar clase en una escuela de un barrio pobre de Los Ángeles y, en un entorno de violencia y drogas, consiguió que muchos de sus alumnos se entusiasmaran por las matemáticas. En 1988, el entonces presidente de EEUU, Ronald Reagan, le entregó la Medalla Presidencial a la Excelencia en Educación.

El bosón de Higgs

Homer, frente a una ecuación que predice la masa del bosón de Higgs.
Homer, frente a una ecuación que predice la masa del bosón de Higgs.

En la temporada 10 aparece uno de los momentos científicos más conocidos de Los Simpson. Homer escribe con una tiza en una pizarra una ecuación que predice aproximadamente la masa del bosón de Higgs, una partícula elemental buscada desde 1964 que otorgaría la masa al resto de las partículas que componen el átomo. El capítulo se emitió en 1998, casi 15 años antes de que los físicos detectaran por primera vez la partícula en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), un anillo subterráneo de 27 kilómetros de circunferencia construido en la frontera entre Francia y Suiza.

“El orden de magnitud para la masa del Higgs es correcta, pero solo el orden de magnitud”, matiza Alberto Casas, investigador del Instituto de Física Teórica, en Madrid. “La fórmula de Homer da 309 GeV (los GeV son las unidades que usamos los físicos para medir masas elementales). El valor real de la masa del bosón de Higgs es 125 GeV, así que Homer se pasó un poco”, explica.

“Es un poco más grande que el bosón de Higgs aislado por los físicos del CERN, pero tiene el mérito de que se hizo 14 años antes. No le demos más vueltas ni busquemos el rigor matemático. Se trata de un guiño que, en manos de Homer, resulta paradójico e impensable”, resalta Martín. En la misma pizarra, añade, aparece otro contraejemplo del Último Teorema de Fermat (398712 + 436512 = 447212) y “la demostración de cómo se puede transformar una rosquilla en una esfera, topología pura”.

Los cines Googolplex de Springfield.
Los cines Googolplex de Springfield.

El número más grande con nombre conocido

Un niño de 9 años, sobrino del matemático estadounidense Edward Kasner, bautizó gúgol (googol en inglés) a un número extraordinariamente grande imaginado por su tío: 10100, un 1 seguido de 100 ceros. En Springfield, el pueblo de los Simpson, los cines se llaman Googolplex.

“Si tenemos en cuenta que plex es sala en inglés, podría ser que esa fuera la razón por la que los cines de Springfield llevan por nombre Googolplex. Pero no, en la serie se da un paso más, Googolplex es el número más grande con nombre conocido hasta esa fecha (10 elevado a googol o 10googol)”, detalla Martín.

“Nos imaginamos que los guionistas estarán pensando en diseñar unas nuevas salas en Shelbyville, pueblo vecino y rival de Springfield, que se llamen Googolduplex, con 10 elevado a googolplex salas (10googolplex) el nuevo número con nombre más grande”.

Homer, ante la identidad de Euler.
Homer, ante la identidad de Euler.

La Capilla Sixtina de las matemáticas

Para muchos matemáticos, la Capilla Sixtina de su disciplina es la identidad de Euler. Formulada como e + 1 = 0, aparece en varios capítulos de Los Simpson. En palabras de Martín, relaciona “cinco imprescindibles números, como símbolo de lo que la inteligencia humana es capaz de descubrir”. El número e, cuyo valor aproximado es 2,71828 seguido de infinitos dígitos, es el número más importante del análisis matemático. Aparece en lugares inesperados, como las ecuaciones para datar restos arqueológicos con carbono 14.

El número pi (3,141592653…) es el rey de la geometría. No solo sirve para calcular el perímetro de una circunferencia: el geólogo Hans-Henrik Stølum, de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), descubrió en 1996 que la relación entre el doble de la longitud total de un río y la distancia en línea recta entre su nacimiento y su desembocadura es de aproximadamente 3,14. El número i (raíz cuadrada de -1) es el más relevante del álgebra. “Y 0 y 1 son las bases de la aritmética por ser los elementos neutros, respectivamente de la adición y la multiplicación”, remacha Martín.

Multiplícate por cero

La frase matemática más conocida de Los Simpson es una invención de la responsable de la traducción para la versión española, María José Aguirre de Cárcer. En el idioma original, Bart dice “eat my shorts”, literalmente “cómete mis calzones”, pero con el sentido de “desaparece”. Multiplicar algo por cero es, precisamente, hacerlo desaparecer. En Sudamérica, subraya Martín, no reconocen esta expresión de Bart.

El joven que se enfrenta al problema matemático del millón de dólares

http://elpais.com/elpais/2016/10/04/ciencia/1475594514_710911.html

El matemático Francesc Castellà, en una sala de la Universidad de Princeton.

Hace más de un milenio, en el año 875, el científico y poeta Abbás Ibn Firnás saltó desde lo más alto de una torre de Córdoba. La ciudad era entonces la capital cultural del mundo. Y el sabio, de 65 años, estaba dispuesto a demostrar que era posible volar. Armado con unas alas de seda y plumas, Abbás Ibn Firnás se lanzó al vacío, planeó durante unos segundos sobre los boquiabiertos cordobeses y se estampó contra el suelo, destrozándose la espalda para siempre. La humanidad todavía no estaba preparada para volar.

“Puede que el problema sea tan difícil que estemos en el siglo equivocado”, reflexiona sobre su propia situación Francesc Castellà, nacido en Barcelona en 1986. Su desafío es tan imponente como el de Abbás Ibn Firnás. Se enfrenta a la conjetura de Birch y Swinnerton-Dyer, uno de los llamados siete problemas matemáticos del milenio, cuya resolución será recompensada por el Instituto Clay de Matemáticas con un millón de dólares por cada uno.

La conjetura fue enunciada en 1965 por los matemáticos británicos Bryan Birch y Peter Swinnerton-Dyer. El matemático Víctor Rotger —que fue tutor de Castellà al comienzo de su carrera en la Universidad Politécnica de Cataluña— ha intentado exponer este problema en un lenguaje accesible. Su explicación ocupa 50 páginas. En ella recuerda la primera vez que escuchó hablar de la conjetura, meses antes de acabar su licenciatura, en 1998. Fue en el despacho de la que sería su directora de tesis doctoral, Pilar Bayer. “No sé cuál debía de ser mi expresión durante los minutos que estuve en el despacho de Pilar Bayer esa primera vez, pero yo me sentía como un paracaidista precipitándome sobre una ciudad en la que nunca antes había estado”.

Con brocha gorda, se podría decir que la conjetura de Birch y Swinnerton-Dyer sostiene que existe una forma sencilla de averiguar si unas ecuaciones que definen curvas elípticas tienen un número finito o infinito de soluciones racionales. Algunos de los mejores cerebros matemáticos de nuestra época se han despeñado contra este problema. Castellà, que a sus 30 años investiga en la Universidad de Princeton (EE UU), está haciendo acopio de víveres intelectuales para enfrentarse a él.

El joven matemático español tiene un currículo impecable. Este lunes recibió el premio Vicent Caselles, otorgado a jóvenes investigadores brillantes por la Real Sociedad Matemática Española y la Fundación BBVA. Antes de Princeton, estuvo entre 2013 y el curso pasado como profesor adjunto en la Universidad de California en Los Ángeles. Y antes se doctoró en la Universidad de McGill, en Montreal (Canadá).

Son problemas tan endiabladamente difíciles que para derrotarlos es necesario abrir nuevos caminos en las matemáticas. El también investigador de Princeton Charles Fefferman, niño prodigio de la disciplina, se enfrentó a tantos problemas en la década de 1970 que por el camino dejó miles de cálculos. Estos avances en territorio desconocido sirvieron después, por ejemplo, para completar el desarrollo de las ondículas, unas herramientas que permiten descomponer imágenes en paquetes de información más sencillos. Gracias a estas matemáticas pudieron nacer las fotos digitales comprimidas que hoy llenan nuestros teléfonos móviles.

Castellà reconoce que no sabe si la demostración de la conjetura de Birch y Swinnerton-Dyer tendría “aplicaciones directas”, aunque recuerda que las curvas elípticas son la base de uno de los métodos más utilizados en sistemas de criptografía, la ciencia que codifica la información. “De alguna manera, lo que hace que estos sistemas sean tan seguros es la complejidad de esta aritmética de curvas elípticas. Si llegamos a entenderla mucho mejor, podrían surgir nuevos sistemas aún más seguros”, imagina el investigador. Que nadie nos robe el dinero del banco ni lea nuestro Facebook depende de las solitarias guerras matemáticas que ocurren en cerebros como el de Castellà.

Desde 2000, cuando fueron adoptados por el Instituto Clay, solo uno de los siete problemas del milenio ha sido resuelto. Fue la conjetura de Poincaré, enunciada originalmente en 1904. Sugería que, en un mundo de cuatro dimensiones, un espacio sin agujeros sería equivalente a una esfera. El problema se mantuvo intacto casi un siglo, hasta que el matemático ruso Grigori Perelman, tras un encierro de ocho años, proclamó su demostración. Tras su victoria, rechazó el millón de dólares y la medalla Fields, considerada el Nobel de las matemáticas, y vive al margen del mundo con su madre en un destartalado apartamento de San Petersburgo.

“Quizá no haga falta volverse loco, pero para resolver uno de estos problemas necesitas una dedicación absoluta”, confirma Castellà. “Las grandes cosas no se consiguen por casualidad. Cuando te enfrentas a un problema tan complicado, al que tan grandes mentes han dedicado su tiempo y contra el que han fracasado, si tú quieres llegar más lejos tendrás que recorrer esos mismos caminos sin retorno y todavía más. Es imposible que uno sea capaz de llegar tan lejos dedicándose parcialmente. Te tienes que dedicar plenamente”, defiende.

Castellà todavía está construyendo sus alas. Cuando se lance desde su torre, no sabrá si son de seda y plumas, como las de Abbás Ibn Firnás, o si son capaces de volar de verdad, como las que desarrollaron más de un milenio después los hermanos Wilbur y Orville Wright, cuando lograron el primer vuelo a motor controlado, el 17 de diciembre de 1903. “Tenemos unas ciertas herramientas matemáticas y esperamos que sean suficientemente potentes como para resolver el problema. Pero también es posible que necesitemos progresar durante décadas para que aparezcan las ideas y las técnicas que finalmente den lugar a la demostración. Es tan difícil decir que sí como decir que no. Simplemente, no los sabemos”, reconoce.

Su tesis doctoral, incomprensible para la mayor parte de la humanidad, desarrolló “una nueva perspectiva en la construcción de Howard de puntos de Heegner asociados a familias de Hida, dando lugar a importantes avances en la conjetura de Bloch-Kato”. Son herramientas para lograr su objetivo. Es la manera matemática de decir que Castellà afila sus armas para el futuro asalto a la conjetura de Birch y Swinnerton-Dyer. El joven investigador pelea contra reloj: “Se dice que si un matemático ha de hacer una contribución con la que ha de pasar a la historia, tiene que hacerla antes de los 40 años. Yo tengo 30”.

9 gestos cotidianos que los matemáticos hacemos de otra manera

http://verne.elpais.com/verne/2015/11/13/articulo/1447413460_147289.html

Cuando eres matemático, todos piensan que dividir la cuenta del restaurante es cosa tuya pero, en realidad durante la carrera yo solo veía letras, no soy especialmente dotado haciendo cálculos y, afortunadamente, ya hay máquinas que hacen eso. Sin embargo, sí que hay algunas cosas que los matemáticos hacemos de manera distinta. Bueno, aunque quiero dejar claro que lo hacemos todo de manera perfectamente normal. Aprovechando que el 15 de noviembre se celebran las fiestas de Alberto Magno al que, por ser alquimista, se suele considerar el “santo patrón” de químicos, de los matemáticos y en general de las carreras de ciencias puras (y a la espera de que alguien santifique a Gauss) recopilamos 9 de esas cosas que hacemos de otra manera.

1. Para un matemático, un anillo con forma de cinta de Moebius, o una pulsera de bisutería con la identidad de Euler puede tener más valor que una piedra preciosa. No olvidemos que los teoremas, y no los diamantes, son para siempre.

2. Celebramos con especial ilusión nuestro 33º cumpleaños, porque sabemos que es el primer número que es capicúa en binario y en decimal.

3. Un matemático nunca se aburre en un atasco, siempre hay juegos que hacer con las matrículas o números interesantes (todos lo son, el primero que no lo fuera sería digno de mención) con los que pasar el rato. Como esta matrícula: 1729 es el primer número que admite dos descomposiciones distintas como suma de cubos, como todo matemático sabe.

4. Disfrutamos con los patrones. Un suelo enlosado con baldosas cuadradas o triángulares es para nosotros una teselación regular, el descubrimiento de un nuevo pentágono que es capaz de cubrir el plano nos produce regocijo (y eso que es el decimoquinto que lo hace). Observar que el suelo del vestíbulo del Museo Thyssen tiene una teselación semirregular  o la forma en la que los camareros han colocado las copas en un cóctel es foto obligatoria. O preguntarse por la forma del último balón de la liga es una discusión muy razonable y edificante.

Ya puedes enlosar el cuarto de baño con 15 losas pentagonales distintas ¿te decides por alguna?. Gaussianos

5. Las palabras tienen más significados cuando eres matemático. Por ejemplo un “toro” que, además del animal de lidia, es el nombre que recibe la curva tridimensional que resulta de hacer girar una circunferencia alrededor de un eje que no la corta. Como un donut de chocolate pero solo el chocolate, sin donut…

Esto da pie a no pocos chistes malos que no os voy a contar, aunque sirva el siguiente como representante (de su clase de equivalencia).

Un toro diciendo “mu”.

6. Disfrutamos de los juegos de palabras y los chistes de lenguaje, por lo que no tenemos más remedio que adorar a Les Luthiers y practicar, aunque sea a nivel usuario, el ludolingüismo.

-Cuando mi hijo estaba haciendo los deberes, se lo llevó la policía.
-Arrestado?
– No, solo le dio tiempo a sumar.

7. “Un día vi una vaca vestida de uniforme” es mucho más que un poema dadaísta.

sabes que “un dia vi una vaca vestida de uniforme” no son unos versos de un escritor de fantasía

8. Nos gustan los problemas. Un buen reto nos provoca disfrute. Tal vez por ello haya habido personas como Paul Erdoss que recorrían las facultades de matemáticas de medio mundo buscando problemas y teoremas sin demostrar, como el que recientemente Terence Tao ha probado.

9. No compramos lotería. Sabemos que es un impuesto voluntario que pagan los que no saben de matemáticas. Salvo que sea la de Navidad. En ese caso lo hacemos como prima de seguro por la cara que se nos quedaría si ganasen el resto de compañeros y nosotros no (como les pasa a los no matemáticos). Muy probablemente nos encargaremos de organizar las participaciones. En todo caso, sabemos que la probabilidad de que nos toque el gordo es muy pequeña, pequeñísima.

sabes que la probabilidad de que tu número sea el Gordo en Navidad es la de encontrar una gota en una garrafa de 5l.

El chiste de los 28 caballos en siete cuadras y otras bromas matemáticas

http://verne.elpais.com/verne/2017/05/12/articulo/1494594431_935655.html

¿Te ha llegado al WhatsApp el chiste de los 28 caballos que hay que meter en siete cuadras? Estas últimas semanas me lo ha enviado mucha gente, aunque es normal porque muchos de mis contactos me rebotan automáticamente cualquier cosa que tenga que ver con mi profesión, las matemáticas (aunque ocupe 33 Mb).  La verdad es que es muy bueno, además el señor que lo cuenta, lo hace muy bien. Es un chiste matemático clásico y tiene versiones en otros idiomas. Supongo que al verlo te das cuenta de que los números no cuadran, ¿o no te das cuenta? Pues te lo explicamos.

El fallo más importante de la división que propone el chiste de los caballos es empezar por la derecha. Pero claro, tampoco eso es tan excéntrico: tanto la suma, como la resta, como la multiplicación tradicionales se empiezan por la derecha. La división es el único algoritmo que hay que empezar por la izquierda. Con toda la confusión que plantea eso en los que la aprenden, empezamos a repartir la cifra de mayor orden entre la cifra del divisor.

Cuando al “comprobar” este resultado multiplican 13×7 se comete el mismo error, el de colocar 1×7 bajo las unidades. Aunque para que hubiera salido bien bastaría con recordar que no eran 13 sino 1+3 los que se multiplicaban por siete, por lo que a nadie debería sorprenderle.

Lo más sorprendente es cuando coloca los siete 13 uno encima del otro y se dispone a sumarlos (no olvides que multiplicar es una suma abreviada, aunque no sea lo mismo). El “error” que comete aquí es el mismo: sumar siete veces el 3 da 21 y si añades siete veces el 1 pues ya estás otra vez en los 28.

La parte final, la del “control de calidad”, contiene otra vez la misma división incorrecta. Cuentan las patas de los caballos en la cuadra: hay 16 patas y como cada caballo tiene 4 patas, dividimos 16 entre cuatro para ver cuántos caballos hay. Notar que esta división no es un reparto sino una agrupación: no estamos repartiendo patas entre caballos, sino agrupando patas de 4 en 4. Lo cierto es que al dividir 6 entre cuatro da 1 y sobran dos patas. Luego bajan el 1 y dividen 12 entre cuatro, resultando ahora un 3, así que se confirma que, siguiendo el método de empezar por la derecha, cada cuadra contiene 13 caballos.

Jugar con los números ha dado para muchos momentos cómicos, algunos en vídeo, como este clásico televisivo. Tan clásico como que está en blanco y negro. La tabla del 9 de Los Payasos de la Tele:

José Mota se inventó la regla del 1 y otras bromas matemáticas en el especial de Nochevieja de 2011. Doblemente gracioso si tenemos en cuenta que la referencia tiene que ver con los recortes educativos y la calidad de la educación. Puedes ver el vídeo aquí. Hay otro chiste matemático muy divertido en este gag de Mota. ¿Cómo meter 51 alumnos en dos clases? Pues está claro, 25 alumnos y medio, en cada aula:

Faemino y Cansado también han hecho en la historia del 6 y el 9, “dos hermanos gemelos que se parecían muchísimo, sobre todo si se daban la vuelta”:

Y este clásico, también de Faemino y Cansado.

Yolanda, la recta Yolanda, tenía un carácter así, arisco y antipático, y trabajaba de secante en una circunferencia. Tenía muchos amigos y mantenía una relación un poco más que especial con un muchacho emigrante que trabajaba en la circunferencia, un tal Pi. Era una relación bastante corriente. Salían juntos, iban a pasear a la playa, iban al cine, follaban. Una relación como hay decenas, vamos…esperemos.

Eugenio, la recta Eugenio, era una recta más bien atribulada y traumatizada porque tuvo problemas en su juventud. Había sido torero. No se si os acordáis de Eugenio, El niño de la Línea, al que corneó un icosaedro, en Linares. Que un icosaedro es como cachondo, pero a mala hostia, hay que verlo. Y como tuvieron que operarle y le quitaron dos segmentos, pues claro, ya nunca fue la distancia más corta entre dos puntos, y eso a una recta la traumatiza mucho. Era una recta tímida, insisto. Y trabajaba de asíntota, en el infinito. Y tenía muy buen rollo, pedía el 0,7 por ciento para los romboides.

Un día de invierno que hacía mucho frio y el radio no fue a trabajar, le dijeron los amigos de la circunferencia: “Eugenio, ¿que haces ahí, solo, en el infinito? Pásate, esta mañana haz de radio”, y, bueno así lo hizo y… Y vio a Yolanda, Yolanda vio a Eugenio, se gustaron y lo típico cuando dos líneas rectas se gustan ¿no?, que convergen, convergen en un punto, empiezan a converger…Y bueno, aquello fructificó. No era sexo, solamente, era amor. Se casaron por el rito de Euclides y tuvieron un vector.

Pero con el paso del tiempo todo muere y también surgieron los problemas: él se lio con una curva de veinte años, ella empezó a irse por la tangente. Y surgieron las desavenencias, hasta que se separaron. Ella dejó la universidad y se puso a trabajar en un bingo. Y un día que estaba de marcha con las amigas, entró un momento al baño, se quedó allí apoyada y llegó uno y se la esnifó”.

A esto se dedican mis alumnos de 2º de Bachillerato antes de un examen de integrales:

Resultados selectividad 2016

Ahora que se acerca la Selectividad no está de más recordar los magníficos resultados obtenidos el año pasado:

https://victorprofemates.edublogs.org/2016/12/06/estadisticas-de-convocatoria-extraordinaria-y-comparacion/

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